Pablo Fantova Ullod, premio Talento Emergente La Torre de Babel

El joven escritor Pablo Fantova Ullod ha obtenido el Premio Talento Emergente La Torre de Babel 2025 que otorgan el programa homónimo de Aragón Radio) y Caja Rural de Aragón, en la categoría de «Literatura». Su primera novela, Los ojos tras la montaña, que publicamos en Pregunta hace unos meses, recrea la vida en un remoto valle del Pirineo aragonés a lo largo del siglo XX, siguiendo los pasos de tres generaciones de la familia de casa Puértolas, en un libro que es un homenaje a los injustamente olvidados por la historia. La entrega de premios se ha celebrado en Zaragoza el jueves 13 de febrero, a las 19:30 h, en la salón de columnas de la Fundación Caja Rural (c/ Coso, 29, antiguo Casino Mercantil). ¡Enhorabuena, Pablo!

Os dejamos a continuación el discurso de agradecimiento del autor, enviado desde Edimburgo y leído por su padre Enrique Fantova en la entrega del premio:

Mi bisabuela conoció el mar cuando tenía unos cincuenta años. Para entonces ya había perdido prácticamente la vista. No lo vio, lo sintió. Desconozco si mi abuela alguna vez lo pisó, pues ni he visto ni he escuchado una prueba que lo avale. Mi padre tendría por lo menos veinticinco años la primera vez que pudo escaparse a ver al Mediterráneo.
Mis arrugados dedos pisaron Salou o Cambrils cuando era tan pequeño que ni me acuerdo, pues así lo demuestran esas fotos que todos tenemos.
Generaciones y generaciones, trabajadores por antonomasia cuyos días de fiesta los marcaba el tiempo. Gente que sudó la gota gorda por los que venían detrás, para que tuviéramos un futuro que no fuera la miseria que habían conocido, sin ni siquiera habernos conocido.
Ojalá esta obra os compensara, aunque fuera el diez por ciento, todo lo que hicisteis por nosotros.
A ese pequeño Macondo del Sobrarbe, del Somontano y de los Monegros cuyas historias se repitieron en tantos sitios. A José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, por responder al nombre de José Puyalto Broto y María Angulo Puyuelo.
A toda esa gente que tuvo la vida sentenciada desde el momento de su nacimiento, que no pudo elegir y que siempre antepuso a los que estaban al lado, a los que tenían enfrente y a los que vinieron después, antes que a ellos mismos.
A todas esas generaciones que tuvimos el mismo origen y cuyos testimonios se perdieron, a todos esos hijos de la Peña Montañesa a los que tragó el olvido y a los que aguantaron semejante tiranía durante tanto tiempo.
Pero sobre todo a esas veintidós casas que siempre tuvieron las puertas abiertas, excepto cuando el frío o la violencia ordenaban lo contrario. A esos fuegos que unían a tantos bajo el mismo techo, a sus pastores, a sus mujeres, a sus tiones y a sus expósitos.
Esto también es vuestro.
Muchas gracias.

Más información de Los ojos tras la montaña en esta página.

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